Facilitadores Empresariales: Aprendiendo en Comunidad

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El uso de Facilitadores internos para replicar el aprendizaje y los cambios dentro de la organización es una de las mejores prácticas utilizadas por empresas exitosas, encontrándose ya estimaciones que confirman como mejor práctica que el 70% del aprendizaje empresarial provenga de los Facilitadores que forman parte de la empresa, pues son ellos quienes conocen mejor los procesos internos y las redes de relaciones que conviven en esta estructura social.

El proceso de convertirse en un Facilitador, va más allá de la adquisición de habilidades meramente mecánicas o técnicas, implica el involucrar al individuo en su totalidad. Esta afirmación adquiere aún mayor sentido, cuando se pretende además formar a un Facilitador considerando los enfoques actuales del Aprendizaje de Adultos, del Aprendizaje Acelerado, y de la Psicología Instruccional, pues las implicaciones de dichas perspectivas no pueden sólo concebirse como una serie de técnicas creativas factibles de ser incorporadas de manera aislada a procesos tradicionales de enseñanza-aprendizaje, sino como toda una filosofía que se diferencia en innumerables maneras del aprendizaje convencional.

El proceso para formar Facilitadores exitosos que colaboren dentro de la organización con procesos y/o aprendizaje, abarca diversas dimensiones. La primera de éstas se refiere al componente actitudinal, que parte de la filosofía en la cual el foco se coloca en el participante y su aprendizaje, con el fin de crear verdaderas “Sociedades” para aprender. Otras dimensiones tienen que ver con las habilidades propias del Facilitador y con el manejo y buen uso tanto de sus herramientas corporales, como de las técnicas y los elementos propios del Aprendizaje de Adultos, incluyendo la disposición del ambiente y de las condiciones necesarias para que el aprendizaje tenga lugar de una manera eficiente, significativa y divertida.

Entre las cualidades que define Meier que contribuyen con el éxito de un Facilitador se encuentran:

  • Preocupación por los demás: apoyar a otros para que encuentren y construyan valores, es flexible y se adapta a las percepciones, fortalezas, estilos y habilidades de cada persona.
  • Creatividad: La enseñanza y el aprendizaje son actos de creación continua, el “inventar” el futuro, el innovar para que las personas alcancen su máximo potencial para aprender y para la vida.
  • Valentía: probar cosas novedosas, estar abierto a nuevas concepciones, estar dispuesto a aprender y a liberarse de supuestos tradicionales sobre la enseñanza y el aprendizaje.

Desde mi experiencia yo incorporo en esta lista el compartir el proceso y/o aprendizaje desde la alegría y el amor. La alegría de conocer nuevas personas, nuevos mundos, nuevas verdades. Impulsándonos en estas emociones tu inspiración llega hasta lo más alto de la grandeza ylo más profundo del sentimiento, pues la vida ya no es una ardua tarea, sino una aventura maravillosa de la cual sólo quieres más.

 

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